Le Mans '66 y la falta de estilo.

'Le Mans ’66' (o 'Ford v. Ferrari', si lo prefieren) es una de las apuestas más “ruidosas” de los últimos estrenos. Para quien todavía no sepa a nivel básico su sinopsis, me veo forzado a recitar que esta se centra en un excéntrico y decidido equipo americano de ingenieros, diseñadores y pilotos, en el que posicionamos el foco sobre el retirado piloto Carroll Shelby (Matt Damon) y el mecánico (y piloto pasado de vueltas en sus ratos libres) Ken Miles (Christian Bale), encargados de fabricar un coche para Ford capaz de derrotar a Ferrari en el carrera de 24 horas de Le Mans, que se encuentra monopolizada por las victorias de la escudería italiana. Dicho esto, me veo prácticamente obligado a hacerle una crítica (libre de spoilers, que nadie se altere) por un gran motivo; hacía tiempo que no me lo pasaba como un crío en el cine.

Phedon Papamichael (director de fotografìa) y James Mangold (director)

Lo primero es lo primero: Me gusta. Me gusta bastante. Y no solo me gusta, sino que la considero objetivamente muy respetable. Aún con sus correspondientes peros (que enseguida procederemos a comentar), no veo motivo para empezar por ahí.

La película no destaca por presentar una historia revolucionaria (de hecho, ni siquiera se puede considerar ni por un momento original), sino más bien la clase de historia que se cuenta desde que el tiempo es tiempo. Aunque parezca lo contrario, esto es lo bueno de lo que voy a hablar de la película. Siendo uno de sus aciertos que, pese a esta falta de originalidad, el guión se siente bastante correcto y es capaz de lidiar con esta falta imaginativa, gracias al gran entretenimiento (que no vacío) que supone su forma. La emoción de superar las adversidades está siempre presente, de un modo realmente remarcable sobre el asfalto, siendo las carreras el punto más fuerte del título sin duda alguna. Hay quienes acusan al guión de predecible (que lo es y muchísimo), pero esto en sí mismo es redundante tratándose como se trata de una película basada en hechos reales. Si el espectador es totalmente desconocedor de los sucesos o incluso de que se trata de una historia real (aunque esto último ya es bastante complicado), me aventuraría a decir que el visionado puede resultar mucho más disfrutable, guiados por las actuaciones de nuestro querido y siempre comprometido Christian Bale y el curtido Matt Damon, cuya química, por cierto, (pese a no tener grandes interacciones en pantalla) es bastante gratificante de ver.

Dirige James Mangold, un hombre que más que dedicarse a entregarnos buenos filmes, nos obsequia tan solo con buenos productos. Carece de identidad propia en su trazado y se dedica a dirigir simplemente de una manera correcta. Siempre convencional, pero no dando nunca malos resultados. La calidad de sus películas recae, por tanto, sobre los guiones que dirige, y Le Mans ’66 no es la excepción. Retomando este último punto, hay que decir que uno de los graves problemas a los que se enfrenta la película, para mí, es que se puede percibir más como un logro técnico que artístico, aunque esta queja viene arraigada a su vez de un gran punto a favor para la cinta; su apartado técnico es impecable. No me atrevo a reprocharle lo más mínimo, todo lo que muestra la cámara de Mangold y lo que me hace escuchar se lleva mención honorifica.

Christian Bale y Matt Damon

Aligerando en este punto la reseña, hablaré de manera rápida sobre la música y la fotografía que presenta. En cuanto a la música; tengo alguna pega, comentar antes de nada que me parece, al igual que la dirección, correcta. Muchas veces se trata de canciones de la época colocadas con calzador para pasar de manera más amena entre escena y escena. A favor diré que le da el estilo que busca. La música compuesta para la película (por Marco Beltrami, un habitual de Mangold) da también el toque necesario a las escenas más íntimas y dentro del circuito, pese a cumplir, es eclipsada por el rugido de los motores, a excepción de cuando se está realizando una hazaña (momento en el que la música ocupa el papel protagónico con su tema principal que sin duda sabe causarnos una sensación de plenitud enorme).

¿Qué decir de la fotografía? ¿Correcta también? (A eso me refería con la dirección de Mangold, no hace nada más que cumplir con los requisitos mínimos que se solicitan, pero sin ir más allá) Al igual que en sus trabajos anteriores con James, el director de fotografía Phedon Papamichael realiza un esfuerzo que no me resulta demasiado llamativo, pero que tampoco lo requiere. Es agradable a la vista, sí, y sin duda acorde al tono y a la narrativa de la película, pero sin más.

Por último, casi concluyendo; he oído bastante decir que es una película política, en el sentido de que busca mostrar una imagen de superioridad por parte de los Estados Unidos (y en esta película; su gran maquinaría industrial) frente a Italia (que trabajaría de una forma puramente artesanal y con el sentimiento que esto implica), presentándonos así otra batalla más donde demostrar la supremacía americana. Yo realmente no estoy muy interesado en este asunto. ¿Lo hace? Puede. ¿Y qué? Muchas otras películas americanas lo harán si uno se pone a analizarlas bajo un prisma parecido. Yo, sin embargo, prefiero fijarme en otra batalla que se atisba dentro de la película, que para mí tiene más valor. La batalla entre lo personal y lo empresarial. Siendo esta reflejada por los personajes de Bale y Damon contratados por la Ford Motors Company, buscando alcanzar un objetivo común, son incapaces de ponerse de acuerdo sobre los métodos de forma inevitable, que por cierto, todo sea dicho; me funciona como una buena rima de la situación del cine actual (no tengo claro del todo que haya sido intencional, pero sin duda, si se mira; se percibe), cosa que me parece bastante irónica tratándose de una película de estudio.

Al grano, es una película fácil de disfrutar tanto para el espectador casual como para el curtido algo más exigente. En ambos casos gozarán de esta cinta, su conseguida ambientación de la época y sus intensas carreras, que son simplemente un deleite gracias al exquisito posicionamiento de la cámara y su labor impoluta de montaje. Es además accesible para quienes no conozcan la historia y para los que no se sientan especialmente atraídos ni por los coches ni por las películas de carreras (como sería mi caso). En caso de hacerlo; es una película única y aunque se trate de una cinta muy academicista, no es insustancial. Dicho todo esto, me aventuro a darle una valoración numérica (pese a no ser gran amante de ellas) tras un solo visionado pero con días de reflexión y debate por otra parte.

Ford GT40
Nota: 7/10.

Comentarios